Raúl Santiago García López


Raúl Santiago García López


viernes, 10 de agosto de 2007

Educación para la Ciudadanía

De nuevo, estamos inmersos en un debate estéril, que no presenta dudas sobre el interés partidista que mantienen aquellos que lo suscitan como un clamor popular, en defensa de valores que ellos mismo intentan que no sean conocidos y enseñados desde la educación formal. Sí, me estoy refiriendo a la inexistente ruptura en la sociedad española sobre la Educación para la ciudadanía.

Pues bien, aprovechando este mes estival, la ofensiva desde los púlpitos populares y los escaños episcopales se ha recrudecido. Siguen atacando de manera virulenta esta asignatura cuyo único mal es formar en derechos y valores universales que reconoce nuestra Constitución, cuyo único defecto es una apuesta por la formación en la pluralidad y la diversidad como señas de nuestra cultura contemporánea, aplicadas en una enseñanza universalista que se asienta en el aprendizaje de valores seculares, laicos, basados en la razón y que pretenden formar en la práctica ciudadanos desde el sistema educativos formal, sin adoctrinamiento, por que el primer supuesto del ejercicio de la ciudadanía es el pensamiento crítico y reflexivo.

Esta continua ingerencia por parte de la Iglesia pone de manifiesto que no han sido capaces de asumir su verdadera posición en el seno de la sociedad, ni aceptar que la Constitución es la norma principal de convivencia política, jurídica y social de nuestro país.

Desde este espacio de libertad de expresión, solicito a los ciudadanos y a las instituciones españolas que dejen de financiar a aquellas estructuras que no creen y no practican las normas básicas de convivencia recogidas en la Constitución Española, así como en la Declaración de los Derechos Humanos, y que en base a estos principios se revisen los acuerdos con el Vaticano con el fin de que para llegar a cualquier acuerdo, previamente se tienen que cumplir estas dos normas fundamentales para todos los españoles.

1 comentario:

Un viejo amigo dijo...

Ante todo felicidades por el blog. Todavía no entiendo y permanezco pasmado de cómo navegando libremente y sin rumbo por la red he llegado a tu página, viejo amigo, y aunque no estoy de acuerdo en algunas de las opiniones vertidas (mientras que en otras veo un reflejo de mi pensamiento), me alegro de ver como conservas ese entusiasmo en aquello que haces. No cambies.
Un saludo desde tierras lejanas.