Raúl Santiago García López


Raúl Santiago García López


lunes, 1 de octubre de 2007

Subir y bajar

¿Se han preguntado alguna vez cómo es posible que las mujeres víctimas de violencia tarden tanto tiempo en denunciar los malos tratos? ¿Se han preguntado cómo es posible que, una vez dado el paso, retiren la denuncia y perdonen a su agresor? ¿Se han preguntado por qué una mujer abre la puerta de su casa y consiente en contravenir las medidas de protección?

Detrás de las posibles respuestas a estas preguntas hay factores, en ocasiones difíciles de entender por quienes no somos especialistas en la materia. Cuestiones que tienen que ver con la complejidad del propio fenómeno de la violencia de género y sus efectos en la estabilidad emocional y personal de las víctimas. No obstante, hay algunos elementos de contexto que son muy fáciles de entender. Uno de ellos está apuntado en una noticia de la Asociación de Mujeres Juristas Themis y tiene relación con la demanda de varias organizaciones de mujeres sobre la modificación del artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Cuando una mujer víctima llega a un juzgado, lleva mucho camino recorrido, mucho sufrimiento acumulado y, probablemente, muchas cicatrices en el ánimo y en las fuerzas para seguir adelante con su propia vida. Si en ese momento, y en aplicación de este artículo 416, que nada tiene que ver con la Ley Integral contra la Violencia de Género, lo primero que escucha en boca de Su Señoría es que no tiene la obligación de declarar en contra de su agresor, no podemos extrañarnos de que algunas mujeres decidan no hacerlo. Personalmente, incluso, me asombra que no sean más. Las consecuencias de esto, como nos cuentan algunas de las informaciones que estamos recibiendo a lo largo de este verano, son nefastas en muchos casos.

La reflexión que debemos hacer es que las medidas específicas contra la violencia de género pueden verse sin duda contrarrestadas por cuestiones colaterales que continuan funcionando como siempre, sin haberse adaptado al espíritu y finalidad de una importante reforma, que costó mucho conseguir y que hay que continuar desarrollando y mejorando. Debemos pedir a todas las personas, instituciones y organizaciones que intervienen en la aplicación de la Ley, que ajusten su funcionamiento y su respuesta en cada caso a los objetivos de protección y apoyo a las víctimas que se desprenden de la propia Ley. Por supuesto, esto pasa porque los juzgados, las Fuerzas de Seguridad del Estado y cualquier otro tipo de servicio, trabajen a favor de la decisión de denunciar el maltrato y eviten, en todo momento, realizar actuaciones que tengan un efecto disuasorio sobre la denuncia y la culminación del proceso de recuperación de las mujeres.

Para prestar este apoyo de forma eficaz, hace falta tener un adecuado nivel de conocimiento y sensibilidad en relación con la situación que están viviendo las mujeres victimas de violencia de género, tanto en el momento de denunciar como a lo largo de todo el proceso de recuperación. Es necesario tomar conciencia de lo difíciles que son las decisiones que tiene que tomar una mujer víctima de violencia de género a manos de su pareja o ex-pareja. Es necesario poseer una idea certera sobre la situación de vulnerabilidad e indefensión personal en la que se encuentran, en la mayor parte de los casos, muchas de estas mujeres víctimas de maltrato continuado.



Esta situación es la que ha querido retratar el director David Planell en su corto SUBIR Y BAJAR, que está siendo distribuido a través de Internet por la Productora AVALON.

Por supuesto, es una ficción cinematográfica, pero creemos que la descripción de la situación que realiza este corto, puede ser una herramienta válida para contribuir a la mejor comprensión del problema de la violencia de género desde el punto de vista de las víctimas y la situación por la que atraviesan en la relación con su agresor, a pesar de las medidas de protección. Por esta razón, desde Fundación Mujeres hemos decidido apoyar su difusión. Creemos que, tal vez, después de ver este corto, que me impresionó profundamente la primera vez que lo vi y aún me deja un nudo en el pecho cada vez que lo veo, tengan ustedes alguna pista más para responder a las preguntas que se plantean al inicio de este post. Si es así, apoyen la generosa iniciativa y, sobre todo, contribuyan a su difusión. Gracias.

No hay comentarios: