Raúl Santiago García López


Raúl Santiago García López


miércoles, 24 de septiembre de 2008

La memoria de la vergüenza

Desde hace unas semanas aproximadamente, estamos viendo el goteo de noticias relacionadas con la petición por parte de Garzón de los datos de los desaparecidos y muertos en la guerra civil y en la posterior y sangrienta dictadura del nacialcatolicismo de Franco.

Esta petición ya aplaudida por mi anteriormente y solicitada desde hacia mucho tiempo, ha dado en reconocer una realidad que puebla nuestro territorio geográfico y marítimo del estado español, la de vivir encima de un cementerio con miles de muertos enterrados o fondeados en fosas comunes.

Cada día vemos, como asociaciones, colectivos y familiares, se están encargando de facilitar toda la información que Garzón necesita, así mismo, ciertas instituciones también facilitan los datos y documentos que el juez solicita, pero siempre hay estamentos que se resisten a cumplir la Ley y el requerimiento de quien ostenta la justicia en un estado de derecho como el que disfrutamos desde hace casi 30 años.

Pues bien esos estamentos que objetan de cumplir la Ley, son los mismos que convivieron de manera idílica y de privilegios con el dictador, los mismos que niegan sus atrocidades por tanto tiempo bendecidas y justificadas, así mismo los herederos del franquismo se empeñan en que los muertos de España, sigan siendo olvidados en las cunetas y campos de nuestro país, los mismos que profesan una Fe de perdón y caridad, son los que niegan la localización, exhumación y recuperación de la dignidad de aquellos que fueron muertos y asesinados, con el único delito de defender la libertad y la democracia, de la que tanto sus asesinos han disfrutado durante todos estos años.

Creo que la Iglesia, debe cumplir la Ley y el mandato de Garzón y facilitar toda la documentación que obra en su poder, así mismo las instituciones tienen que poner los medios para poder llevar a cabo las exhumaciones e identificaciones de los asesinados en esa monstruosa memoria de la vergüenza que tiene España esparcida por sus pueblos y ciudades, ya que nuestra obligación como ciudadanos de bien es la de recuperar y honrar la memoria de aquellos que defendieron la dignidad de un pueblo y su libertad.

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