Raúl Santiago García López


Raúl Santiago García López


jueves, 14 de mayo de 2009

Sacar el aborto del Código Penal es una obligación moral

Quiero elogiar la valentía del Gobierno por sacar adelante una legislación sobre la Interrupción voluntaria del embarazo que saca definitivamente el aborto del código penal, y por atender a los consejos realizados por el grupo de expertos y mantener en la ley el reconocimiento de la madurez de las jóvenes mayores de 16 años para decidir sobre su maternidad.

Sacar el aborto del Código Penal era una obligación moral para un Gobierno realmente comprometido con los derechos y la igualdad de la mujer además quiero mostrar mi satisfacción porque la nueva Ley del Aborto impedirá que se vuelvan a producir situaciones como las que se vivieron no hace mucho en la Comunidad de Madrid, donde el Gobierno de Esperanza Aguirre organizó una sonrojante caza de brujas en contra de mujeres que habían decidido interrumpir su embarazo voluntariamente.

Los jóvenes consideramos indigno que el PP se sume a los demagógicos argumentos de los grupos ultraconservadores y reaccionarios, dando una imagen frívola de las mujeres que deciden abortar.

Con estas palabras quiero referirme a las declaraciones realizadas por la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, quien ha afirmado que esta ley convierte al aborto en un anticonceptivo más.

Para mi, las afirmaciones de Sáenz de Santamaría son un insulto y una falta de respeto a las mujeres, pero además con estas declaraciones el PP insulta nuestra inteligencia, y falta al respeto a todas las mujeres de este país.

Me cuesta admitir que el principal partido de la oposición crea de verdad que alguna mujer de nuestro país no tiene clara la diferencia entre un preservativo y una intervención tan traumática como es un aborto.

En el PP sobra demagogia y falta sentido común, el sentido común indispensable para reconocer que esta ley es necesaria, y que busca, sobre todo, dar derechos y garantías jurídicas a las mujeres que deciden abortar y a los profesionales de la medicina.

El sentido común que les permitiría reconocer que las mujeres están plenamente capacitadas para decidir sobre su propia maternidad de un modo responsable y coherente, y que les impediría seguir realizando declaraciones sinsentido que dan una imagen frívola e irreflexiva de las mujeres.

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