Raúl Santiago García López


Raúl Santiago García López


jueves, 15 de marzo de 2012

Manifiesto del PSOE ante el Día Mundial de los Derechos del Consumidor

Para los socialistas la importancia política que tiene la protección del consumidor, deriva del rasgo definidor de nuestro actual modelo social y económico. El consumo es una de las características esenciales de nuestra sociedad y una de las facetas de la actividad de los seres humanos que despliega mayores efectos y desde los ámbitos más diversos.

Para los socialistas, la defensa de los consumidores es un compromiso que nace de nuestras más profundas convicciones. Un compromiso por la igualdad en el acceso a los bienes básicos de consumo; un compromiso por la seguridad de nuestros ciudadanos; una apuesta por la autonomía de sus decisiones, por el libre ejercicio de su poder de compra y por la toma de conciencia acerca de las repercusiones sociales, laborales y medioambientales que provoca. Apostamos por el consumidor activo, capaz de defender sus intereses en el mercado, dotado de conciencia ética sobre el resultado de sus decisiones y partícipe en la construcción de una sociedad más justa y más solidaria.

Para los socialistas, las políticas de consumo no son solo políticas destinadas a la protección de la parte más débil del mercado dentro de un modelo social profundamente consumista, son instrumentos que ayudan a todos los ciudadanos y, especialmente a los más desfavorecidos, a consumir con criterio, a preservarlos de los riesgos para la salud, a incrementar su seguridad, a proteger el entorno medioambiental y los recursos naturales de comportamientos irresponsables que perjudican gravemente nuestra calidad de vida y la de las futuras generaciones. Son políticas que fomentan la participación, la educación y la información.

Por eso, en la conmemoración del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, el Partido Socialista Obrero Español manifiesta que:

• Los socialistas reconocemos y felicitamos a las asociaciones de consumidores españolas por su importante contribución a la defensa, formación y asesoramiento a los consumidores y usuarios españoles. Hoy constituyen en España un pilar en las políticas de protección de los consumidores y su colaboración con los poderes públicos es indispensable para garantizar el respeto de los derechos de los consumidores.

• Los socialistas exigimos al Gobierno que continúe el camino trazado por el anterior Gobierno Socialista para dotar de una mayor relevancia política y social al Consejo de Consumidores y Usuarios de España, acorde con la importancia legal y constitucional que se le otorga y sobre todo a su carácter representativo.

• Los socialistas denunciamos el desmantelamiento que se está produciendo en nuestro país de las instituciones estatales encargadas de la defensa de los consumidores y usuarios españoles, como clara expresión de la nula importancia que otorga el Gobierno de Rajoy a nuestra defensa como consumidores. La anunciada desaparición del Instituto Nacional del Consumo redundará en una merma en la protección de los consumidores y un claro deterioro en la necesaria colaboración que debe prestar la Administración del Estado a las comunidades autónomas y a las asociaciones de consumidores.

• Los socialistas denunciamos el desmantelamiento del Estado del Bienestar que se está produciendo en muchas comunidades autónomas, con la participación necesaria del Gobierno de Rajoy, y el claro deterioro que se está produciendo en la prestación de los servicios públicos, como la sanidad, la educación o la atención a la dependencia, a todos los usuarios.

• Los socialistas, frente a un ordenamiento jurídico ciego a las circunstancias personales y familiares de quienes están perdiendo sus recursos como consecuencia de la crisis económica y del sobreendeudamiento, apostamos por una protección integral del consumidor que no puede hacer frente al pago de sus deudas. Es urgente que el Gobierno apruebe una moratoria para aplazar los desahucios de los ciudadanos que no pueden hacer frente al pago de su hipoteca, como ha propuesto el Grupo Parlamentario Socialista.

• Los socialistas exigimos que se incremente la protección de los usuarios de los servicios financieros frente a un sistema financiero co-responsable de una crisis económica que ha producido un importante deterioro en las condiciones de vida de millones de consumidores. Exigimos que se promueva internacionalmente un mayor control sobre las transacciones financieras especulativas y que se acabe con los paraísos fiscales.

• Los socialistas exigimos del gobierno que garantice a todos los consumidores el acceso a servicios y suministros básicos a precios razonables y competitivos de forma que no se añada sobre las economías domésticas una nueva carga que contribuya aún más a su deterioro.

miércoles, 7 de marzo de 2012

MANIFIESTO DEL PSOE CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

8 DE MARZO, DEFENDIENDO LOS DERECHOS DE LAS MUJERES

Uno de los cambios más importantes que se ha producido en nuestra sociedad en las últimas décadas ha sido la evolución de la situación de las mujeres y el avance de la igualdad, un hecho que ha situado a España en la vanguardia europea y ha formado parte fundamental de nuestra modernización como país. Hoy las mujeres tienen una mayor presencia en la vida económica, social y política, gracias un esfuerzo individual y colectivo, que ha sido compartido por la sociedad y acompañado por las políticas desarrolladas desde las distintas Administraciones Públicas.

En los últimos años hemos visto avanzar la legislación sobre igualdad. La ley de protección integral contra la violencia de género, la ley para la igualdad, la ley de salud sexual y reproductiva y de la IVE, han estado acompañadas de importantes avances en derechos sociales plasmados en la Ley de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia y en el impulso de Planes, programas y recursos de atención integral a las mujeres. Las políticas de atención social y rentas para combatir la pobreza han tenido como destinatarias a las mujeres, principales víctimas de la exclusión social. El incremento de las pensiones mínimas ha mejorado la calidad de vida de muchas mujeres mayores.

En definitiva, el avance en derechos individuales y el desarrollo del Estado del Bienestar han acompañado a las mujeres y los hombres de este país en su proyecto vital.

Sin embargo este 8 de marzo de 2012, por primera vez desde hace años, no podemos conmemorar esta fecha con avances en el camino hacia la igualdad real y efectiva. Este 8 de marzo nos enfrentamos a una batalla ideológica de los Gobiernos del PP contra los derechos de las mujeres.

Un batalla que se concreta en el anuncio de la eliminación del derecho de las mujeres a decidir sobre su salud sexual y reproductiva y en el ataque frontal que supone el real decreto ley de medidas para la reforma del mercado laboral. Una batalla que cada día sufren miles de familias con los recortes del Estado del Bienestar, en educación, en salud y en el cuidado de personas dependientes.

Este día 8 de marzo es especialmente doloroso porque el Gobierno lleva al Parlamento una reforma del mercado laboral que expulsa a las mujeres del empleo puesto que:

- Elimina el derecho a la conciliación de todos los trabajadores y trabajadoras al permitir organizar la jornada, los turnos y los tiempos de trabajo solamente en función de las necesidades económicas, organizativas y de la producción, sin tener en cuenta las necesidades de atención y cuidado de las familias.


- Da prioridad a los convenios de empresa frente a los convenios estatales o autonómicos, y lo hace expresamente en el caso de medidas que afectan al tiempo de trabajo y a la conciliación.

- Permite a las empresas obligar a hacer horas extraordinarias en los supuestos de contratos a tiempo parcial e impide a los trabajadores y trabajadoras organizar sus tiempos en casos de reducción de jornada por cuidados e incluso por lactancia. Aplica la flexibilidad solo para las empresas mientras elimina derechos de los trabajadores y las trabajadoras.

- Reducirá el salario de las mujeres, puesto que permite hacerlo por razones de competitividad y productividad, y no olvidemos que las mujeres tienen salarios más bajos y están en situación de mayor vulnerabilidad en el empleo.

Son las mujeres quienes se siguen ocupando en mayor medida de la atención a las personas en situación de dependencia y de los niños y niñas, y por lo tanto sufrirán con mayor intensidad las consecuencias de esta reforma.

En definitiva es una reforma muy peligrosa para las mujeres a las que, en algunos casos expulsará del empleo ante la imposibilidad de conciliar su vida familiar y laboral, y, en otros, mantendrá en situación de precariedad al eliminar el marco de desarrollo de las medidas y planes de igualdad.

Es una reforma peligrosa para toda la sociedad porque además de ser injusta, ineficaz y discriminatoria, desaprovecha el enorme potencial que supone contar con las capacidades de la mitad de la población y sus posibilidades de participar en el crecimiento económico y social que sigue demandando nuestra sociedad y requiere nuestro país.

Una vez más la derecha, ante una situación de crisis, expulsa a las mujeres de la actividad económica y con ello de la actividad social. Una vez más pretende sustituir los derechos sociales del Estado del Bienestar por la doble y triple jornada de las mujeres para que sean ellas quienes se ocupen en exclusiva de la atención y el cuidado.

Una vez más los socialistas y las socialistas, junto a amplios sectores progresistas de nuestra sociedad, nos comprometemos en la defensa del derecho a la igualdad y la libertad de las mujeres y los hombres de nuestro país, por eso hoy denunciamos las intenciones ocultas y explícitas de esta reforma laboral, exigimos que se mantenga el derecho de las mujeres a decidir, que se proteja de manera efectiva a las mujeres víctimas de violencia, que se mantengan los derechos de las personas en situación de dependencia. Reclamamos que se busquen soluciones diferentes a las que está tomando la derecha, que no son otras que recortar los derechos del Estado del Bienestar y hacer pagar la crisis a quienes más necesitan de esos derechos, que es la mayoría de la población y la inmensa mayoría de las mujeres.

martes, 6 de marzo de 2012

MANIFESTACION 11 M CONTRA LA REFORMA LABORAL ¡YO VOY!

MANIFESTACIONES DEL 11 DE MARZO CONTRA LA REFORMA LABORAL
¡YO VOY!

DISCURSO DE ALFREDO PÉREZ RUBALCABA EN EL FORO BANKIA

En este foro repetir que estamos inmersos en una crisis global, la más profunda desde la Gran Depresión, es una obviedad. Y si lo digo es porque en España hace algún tiempo, no tanto, no era así. La oposición, hoy Gobierno, se empeñaba en trasladar a la opinión pública que la crisis era el resultado de la mala gestión del Gobierno, sin más. Debo decirles que en algo hemos avanzado en estos últimos meses: ya casi compartimos el diagnóstico. Y si lo digo hoy aquí es porque es muy importante compartir el diagnóstico si se quieren compartir las soluciones y yo soy de los que pienso, y lo avanzo una vez más públicamente, que es bueno que las fuerzas políticas más relevantes del arco parlamentario español compartamos las soluciones, al menos las más relevantes también. Vivimos, pues, una crisis mundial que tiene su origen en una crisis financiera, que es fruto a su vez de la demostrada incapacidad de los mercados financieros para autogobernarse. De esto ya casi no se habla, pero es la realidad. Queda muy lejos la frase aquella del presidente Sarkozy cuando, muy poco después de la quiebra de Lehman Brothers, dijo que había que reformar el capitalismo. Queda lejos, pero sigue siendo una expresión a mi juicio acertada.

Se han hecho cosas. El G20 ha hecho cosas, aunque es verdad que inició sus trabajos vigorosamente y después ha ido poco a poco perdiendo gas. ¿Qué queda de aquellas conclusiones de la cumbre de Pittsburgh? La verdad es que se sentaron allí las bases de algunas de las cosas que habían pasado y sobre todo para evitar que volvieran a pasar, y desgraciadamente algunas de las cosas se han olvidado. Con todo, los países han centrado sus esfuerzos en elevar la solvencia y la liquidez de las entidades financieras, lo que no es poco, aunque han dejado de lado algunos problemas fundamentales, como por ejemplo los derivados de la gestión del riesgo, que son los que alimentaron la burbuja financiera; los derivados de la falta de transparencia de los mercados financieros, que no se han abordado; de la regulación de las agencias de rating, que sigue pendiente; o de la lucha contra los paraísos fiscales, que es un ritornello habitual de las conferencias internacionales de economía, que no pasa de ser eso, un ejercicio retórico.

Y entre tanto la crisis ha mutado varias veces. Dejo para los estudiosos la discusión de si es la misma o si son tres crisis encadenadas. Lo cierto es que ahora tenemos tres: la financiera, la económica y la de la deuda soberana. Y poco a poco además la crisis va dejando de ser una crisis global para convertirse en una crisis europea. Lo que por sí solo habla de nuestras deficiencias, me refiero a las europeas. Empeñados los europeos como estamos en asomarnos siempre al borde de los precipicios. Con lo caro que eso nos está costando. Les pondré dos ejemplos para sacar dos conclusiones. El primero es el de Grecia. No hemos hecho efectivo el segundo rescate y la canciller Merkel nos ha hablado de un tercero. Incluso algún relevante miembro de su Gobierno ha planteado públicamente la salida de Grecia de la zona euro. Son ejercicios de sinceridad que no llamaría yo tranquilizadores.

Un segundo ejemplo. El verano y la crisis de la deuda soberana en todos los países de la zona euro, salvo quizá en Alemania. Seguro que muchos de ustedes se han preguntado ustedes lo que nos hubiéramos ahorrado si el BCE hubiera decidido relajar su política monetaria a finales de agosto en lugar de hacerlo en el mes de diciembre.

Grecia sigue ahí. Sigue siendo uno de los problemas más importantes de nuestra economía. Aquí no sorprende decirlo, pero fuera sí. Los ciudadanos lo entienden mal, pero ustedes lo entienden perfectamente. Es uno de nuestros principales problemas. El BCE ha inyectado un billón de euros de liquidez en la economía europea. Un billón de euros, lejos de los casi dos billones de la Reserva Federal. Pero ha inyectado un billón de euros y eso está bien. Aunque en un país como España esta inyección de liquidez no va a solucionar el problema del crédito. Al menos no lo va a hacer a corto plazo. Y el problema del crédito es el talón de Aquiles de nuestra crisis económica. Es verdad, con todo, que los bancos españoles han acudido sin tapujos a la subasta del BCE. Y es verdad que coger el dinero al 1% e invertirlo en deuda al 4% les ha permitido resolver, no solo a los españoles, a muchos bancos europeos, algunos problemas y, en todo caso, ha estabilizado nuestro mercado de deuda.

Con todo y eso, no es la solución. La canciller Merkel dijo creo que la semana pasada que habíamos comprado tiempo y que se trataba de utilizarlo bien, y es verdad, porque no es esta la solución ni de los créditos ni tan siquiera de la deuda soberana. El primer ministro Monti dijo en la última cumbre europea que ahora, una vez que habíamos acordado el pacto fiscal, convendría abordar el problema de la deuda en serio, y habló de los eurobonos, de la necesidad de mutualizar nuestra deuda vía eurobonos, que es una fórmula, y alguna otra vía. Y yo estoy completamente de acuerdo con ello, aunque haya que revisar el papel del BCE, que sin duda habrá que hacerlo.

Europa, y esta la conclusión que quería sacar, avanza a ritmo analógico para resolver una crisis digital. Y lo hace cuando ya no tiene más remedio que hacerlo, que ese es el gran problema que tenemos. Es una malísima fórmula para los tiempos que corren. Ahora, con el agua al cuello, cuando ya las previsiones económicas anuncian una suave recesión de la eurozona -su economía se contraerá en torno a un 0,3% según las previsiones para el presente año 2012- ahora se empiezan a plantear revisiones de planes de estabilidad, es verdad que a regañadientes, entre ellos el de España. O se habla de forma inevitable ya, de forma absolutamente consecuente, de la necesidad de que haya planes de inversión que ayuden a las economías con más dificultades para que vuelvan a crecer, que es, por cierto, la única forma que tienen de hacer frente a su deuda.

Ambas actuaciones (las revisiones del plan de estabilidad de algunos países y la necesidad de poner en marcha un plan de inversiones europeo) estaban por cierto “cantadas” ya en verano, cuando mes tras mes empezamos a reconocer síntomas de recesión en una buena parte de los países centrales de la zona euro.
El Gobierno acaba de anunciar, en esta lógica, una revisión de su objetivo de déficit. No seré yo quien lo critique cuando llevo planteándolo desde hace algunos meses. Eso no significa que esté de acuerdo con la cifra. Ni por supuesto que esté de acuerdo con la fecha de finalización del calendario de ajuste acordado en la UE. Debo decirlo, una vez más, en situación económica bien distinta y con previsiones económicas bien distintas de las que tenemos ahora. Por eso sostengo que hay que cambiarlo, y es más, me atrevo a anunciar que como sucede con la flexibilización del déficit, este año se acabará haciendo.

Ahora bien, el Gobierno lo ha hecho, y ya digo, no seré quien se lo critique. Ha fijado un objetivo distinto del que teníamos aprobado en el Plan de Estabilidad. Y creo que tiene que hacer una cosa más si no quieren abonar la desconfianza: tienen que presentar el Presupuesto. Ahora es más importante que hace una semana. Tienen que presentar el presupuesto y hacerlo ya. Es verdad que argumentaron en sede parlamentaria para no hacerlo que estaban esperando a las previsiones de la UE, que salieron con una recesión del 1% para este año. Al final el Gobierno en su cuadro macro ha ido al 1,7%, por tanto se ha descubierto que aquello era una excusa por decirlo suavemente. Pero ya hay que hacerlo. Y aprovecho para pedirle al Gobierno que lo haga, que los intereses de la economía española y de los ciudadanos españoles están muy por encima de los intereses electorales del PP en Andalucía y Asturias.

Vuelvo a los planes de inversión. Existe el BEI, que tiene fondos y mecanismos previstos para allegar más fondos, y en todo caso existe un impuesto que está por ahí, forma parte también de la retórica habitual de los distintos organismos europeos, también del Consejo, que es el impuesto europeo de transacciones financieras, que creo que hay que aprobar. Que dará dinero a la UE y a los países de la UE, y hay que aprobarlo con acuerdo de la City o sin él. Hay que hacerlo ya.

Como hay que pedirle a algunos países de la zona euro que suavicen sus políticas de ajuste fiscal. Son países, por cierto, que necesitan que otros países crezcan para asegurar sus exportaciones. Y son países que además, y ahora me voy a referir a la situación española, han recibido cuantiosas cantidades por sus exportaciones aprovechando entre otras cosas la demanda en países como el nuestro al hilo de la llamada burbuja inmobiliaria. Por tanto me estoy refiriendo básicamente a Alemania, país que necesita que un país como España crezca para exportar y que también indirectamente se benefició de nuestra elevada demanda cuando la llamada época dorada de la burbuja inmobiliaria. Es bueno que Alemania, que tiene margen de maniobra, y no solo Alemania, flexibilice sus ajustes fiscales.

En todo caso, es verdad que España tiene sus propios problemas, que explican nuestra tasa de desempleo, nuestro elevados déficit público y deuda privada. Problemas ligados a la burbuja inmobiliaria, que compartimos tristemente con países como EEUU o Irlanda, y que en España está en el origen de dos de cada tres puestos de trabajo perdidos en los últimos años, una buena parte de nuestro déficit fiscal –debido a que las administraciones confundieron, en general, ingresos estructurales con coyunturales–, y de las dificultades de nuestro sistema financiero, con abultadas pérdidas que derivan de la mala calidad de sus activos inmobiliarios.

Tenemos, pues, que mejorar nuestra competividad para crecer más, cambiar nuestro modelo de crecimiento para crecer sólidamente y corregir nuestros desequilibrios, entre ellos el que afecta al endeudamiento privado para crecer de una manera sana. Y para eso hemos de seguir ajustando nuestra economía, al tiempo que hacemos reformas en nuestros mercados de bienes y de servicios. La cuestión, a mi juicio, es cómo hacemos las reformas el ritmo al que aplicamos esas reformas. Esa es la cuestión fundamental: cómo y cuándo. Porque si tanto el cómo, como el cuándo no tienen en cuenta que en el mes de marzo estaremos técnicamente en recesión, es decir si no se preocupan por nuestro problema de crecimiento, entonces creo que nos estaremos equivocando.

Y pienso que, por desgracia, el Gobierno en esto no está acertando. El primer ajuste, realizado el mes de enero, ha consistido básicamente en reducir la renta disponible, por la vía de una subida del IRPF, en seguir reduciendo la inversión pública, los gastos en I+D y los recursos educativos.

La reforma financiera a la que me referiré luego, no va a solucionar a corto plazo, como ustedes conocen perfectamente, nuestros problemas de crédito.

Y la reforma laboral va en la misma dirección: facilitar el despido, en plena recesión, es la mejor forma de que haya más despidos. Flexibilizar unilateralmente las relaciones laborales no va sino a generar incertidumbre y, por tanto, depresión en nuestro ya desganado consumo.

No hay en las políticas del Gobierno ningún apunte hacia el cambio de patrón de crecimiento, más bien al contrario. La universalización de las deducciones por la compra de vivienda, y sobre todo su retroactividad, que nadie todavía ha explicado, más bien apuntan en dirección contraria; no es el mejor síntoma.

Déjenme que le dedique un minuto a la reforma laboral. Mi oposición y la de mi partido son bien conocidas. No me extenderé aquí, no creo que sea el lugar, sobre las objeciones de fondo que ustedes conocen bien y que posiblemente muchos de ustedes no compartan. Creo sin embargo que merece la pena destacar en este foro un aspecto que me permite profundizar en la tesis que vengo sosteniendo, y es que es una reforma que va a deprimir más nuestra economía y marcar las diferencias también de fondo que nos llevan a discrepar de esta reforma con el Gobierno. Y me refiero al tema de los salarios. Parece que hay un acuerdo generalizado sobre que España debe moderar sus salarios para ganar competitividad. No me gusta autocitarme, pero en el mes de agosto, en plena crisis de la deuda, me atreví a sugerirle a empresarios y sindicatos que hicieran un pacto de rentas para justamente mejorar nuestra competitividad, y mandar un mensaje en esa dirección a los mercados financieros, en aquel momento especialmente alterados.

Es verdad que el pacto se hizo, se hizo hace algunas semanas, y que el Gobierno rechazó ese pacto y colocó en la reforma laboral algunos instrumentos para facilitar la moderación salarial por la vía de la decisión unilateral de los empresarios. Son dos modelos distintos de ajuste salarial. Dos modelos distintos de avanzar en la moderación salarial: el pacto de rentas o la imposición empresarial vía decreto ley. Yo estoy a favor del primero. Y lo razonaré. Estoy a favor del primero. No solo porque es mas justa, afecta a todas las rentas, las salariales y a los beneficios distribuidos, afecta a salarios y a precios, afecta al conjunto de los sectores, sino sobre todo porque es una moderación, la pactada, más gradual, sostenida en el tiempo, menos perjudicial a corto plazo para el consumo privado en nuestro país. Por tanto, más justa y, desde el punto de vista económico, creo que es más eficaz que la reforma impuesta del decreto ley.

Lo diré de otra manera y que no se me entienda mal: no vamos a apoyar este decreto ley por razones de fondo, pero si el Gobierno me hubiera pedido su opinión, cosa que no ha hecho, le hubiera dicho la siguiente. Por supuesto no hagas esta reforma, y no la hagas así. No la hagas sin diálogo y no la hagas en un momento de recesión donde perjudicas a los trabajadores y al conjunto de nuestra economía.

El PSOE ha apoyado, como saben ustedes, las medidas de saneamiento financiero acordadas recientemente por el Gobierno, a pesar de algunas dudas a las que antes hice referencia y que mencionaré más adelante. Lo hemos hecho por responsabilidad y por coherencia. Las medidas son un paso más en la dirección emprendida por el anterior gobierno con la creación en octubre del 2008 del Fondo para la Adquisición de Activos Financieros, posteriormente con la creación del FROB en junio del 2009, con la Ley de Reforma de las Cajas de Ahorro de julio del 2010 y con el Decreto Ley de reforzamiento del sistema financiero del febrero del 2011. El núcleo básico de estas reformas ha sido el reforzamiento de los requerimientos de capital y solvencia, capital y liquidez de las entidades financieras siguiendo las pautas de Basilea III. Durante este tiempo hay que recordar que se ha producido un cambio profundo, yo diría obligado, en nuestro sistema financiero. Me refiero al de las cajas de ahorro, que han pasado de ser 45 a 15 entidades, y al conjunto del sistema, que ha dedicado en torno a 105.000 millones de euros a provisiones desde el año 2008 hasta el año 2011.

El apoyo al decreto ley del Gobierno no es un cheque en blanco. Vamos a seguir lógicamente la evolución del crédito, que es lo que más nos preocupa, los procesos de fusión para garantizar desde la oposición, en la medida que podamos, la transparencia y la eficiencia y sobre todo vamos a proponer el reforzamiento de los mecanismos de supervisión y control, más necesarios que nunca si tenemos en cuenta el tamaño de las entidades financieras que van a quedar en el sector una vez que acabe toda su recomposición.
Estaremos pendientes, pues, de si se cumplen o no los objetivos de la reforma propuesta por el Gobierno. Y si no se cumplen, le pediremos al Gobierno que haga un enfoque más agresivo, por utilizar una palabra que al propio Gobierno parece que le gusta utilizar.

Permítanme recordarles, brevemente, los objetivos de esa reforma que los socialistas hemos apoyado. Son tres: las entidades deben despejar, pretendemos que despejen, las dudas existentes sobre la valoración de sus activos y que hagan las provisiones correspondientes en relación con los activos de cobro dudoso; en segundo lugar, pretende el Gobierno, y nosotros estamos de acuerdo, que los bancos saquen esos activos al mercado a los nuevos precios, y si ello supone pérdidas, que estas pérdidas se asuman con nuevo capital o con el recurso del FROB; y, finalmente, las entidades financieras pretendemos tanto el Gobierno como nosotros que reduzcan su tamaño cuando sea excesivo y su capacidad, y que aquellas que no sean viables se fusionen o sencillamente se liquiden. Son los objetivos de la reforma del Gobierno, que nosotros compartimos. Ambos hemos asumido que esta reforma, si se desarrolla en tiempo, podrá conseguir que fluya el crédito, que es finalmente el objetivo que ambos tenemos.

Se trata, tanto en este decreto ley como las reformas anteriores, de hacer un saneamiento del sector financiero de forma gradual, que es lo que hemos pretendido unos y otros, y en todo caso que al final el saneamiento, el coste de ese saneamiento, no se impute a las cuentas públicas y por tanto a los contribuyentes, sino al sector financiero en su conjunto y a los bancos que lo hagan en particular a través de distintos mecanismos que conocen ustedes perfectamente.

Cuando se pensó esto en 2009 estábamos trabajando en condiciones económicas bien distintas. En primer lugar se pensaba que el crédito dudoso era manejable, las cifras eran manejables. En segundo lugar, que la economía iba a crecer, y por tanto había perspectivas también para los bancos más positivas que las que hay ahora, y en tercer lugar es verdad que cuando se diseñó los mercados financieros parece que estaban tranquilos y por tanto había posibilidades de facilitar su recapitalización. Hoy no se dan ninguna de estas tres circunstancias, lo cual hace que tengamos algunas dudas sobre el final del proceso y sobre todo sobre el tiempo que va a llevar todo el proceso.

Por eso insisto tanto, insistía tanto al principio de esta intervención y lo vuelvo a hacer ahora, en el crecimiento, en la necesidad del crecimiento. Y por eso les quiero decir que si el Gobierno y la UE no plantean medidas para estimular el crecimiento de nuestra economía, y si los bancos no cumplen con las nuevas reglas y utilizan por ejemplo las fusiones para retrasar un año los procesos de ajuste, si estas dos cosas se producen, es probable que el proceso tal como lo hemos diseñado no tenga éxito, y haya que plantear al Gobierno condiciones más exigentes, referidas fundamentalmente a los créditos e incluso a la liquidez que los bancos están adquiriendo en el BCE en este momento sin ninguna restricción prácticamente respecto al uso de esos dineros, de esos euros.

En todo caso, de eso habrá tiempo para hablar. Pero sí quiero dejar claro que las condiciones en las que se diseñó el proceso son distintas, que ahora son peores, y que eso hace que surjan dudas en mucha gente de que el proceso, tal y como está planteado, con el gradualismo con el que lo planteamos, llegue al final a ser completamente eficaz para el objetivo que se pretende, que nos otro, y en eso lo compartimos con el sector financiero, de que fluya el crédito para nuestras pequeñas y medianas empresas, para las empresas y las familias en general.

Una última reflexión, que ya añado que no va a ser muy popular en este foro, pero que me veo obligado a hacer. Es una iniciativa que vamos a plantear y no quiero escondérsela. En Italia, Monti acaba de plantear la limitación de las comisiones bancarias para los jubilados. Lo ha hecho en un país que, con España, es, según la UE, comisiones más altas y menos transparentes. Vamos a plantear una iniciativa parlamentaria para abordar los dos objetivos: transparencia y cantidad. Queremos que se rebajen con carácter general, que se hagan más transparentes, y queremos sobre todo que para algunos colectivos que lo están pasando especialmente mal, me refiero a jubilados y parados, se haga una rebaja, aprovechando la terminología del IVA, superreducida. Para que todo el mundo lo entienda, recoger en el sector bancario el mismo espíritu que existe por ejemplo en el sector eléctrico cuando se habla de una cuota, de un abono social, o en el propio sector de la telefonía; creo que Movistar tiene también cuotas específicas. Esa es una propuesta que aprovechando que están ustedes todos reunidos les comunico que vamos a hacer. No solo el Gobierno va a dar malas noticias; están empeñados en darlas malas y la oposición quiere colaborar también a este clima.

Termino ya. Con algunas referencias a la situación general de la economía española. He dicho ya algunas cosas, algunas referencias de otro cariz. Recordando que la deuda pública sigue en España por debajo de la media de la eurozona. Recordando también que el servicio de la deuda está por debajo del tres por ciento. Que el Tesoro tiene liquidez abundante después de las dos, lo llaman manguerazos, que es una expresión que me resulta horrible, del ejercicio de barra libre del BCE. En resumen, tenemos una situación que tiene estas características. No tenemos un problema de tamaño de la deuda. Es verdad que la deuda privada es muy alta. Tenemos un problema de naturaleza de la deuda. Pero es verdad que los datos son los que son. Es verdad también que las administraciones públicas tienen que realizar un ajuste de sus ingresos y de sus gastos, de los dos, de ingresos y de gastos, para avanzar en la corrección del déficit. Un ajuste que se puede realizar buscando eficacia, eficiencia, justicia social… Nunca han sido incompatibles y a mi juicio tampoco lo son ahora.

Pero quizá lo más importante para nuestro país es la búsqueda del incremento de la productividad, la preocupación más importante que tenemos al menos desde el PSOE y que debería ser el patrón para medir el éxito o el fracaso de nuestras reformas. Debo decirles que si miramos el pasado, ahora que hacen juicios tan severos de los últimos años, no me refiero a un solo gobierno, me refiero a todo lo que ha sido el desarrollo de la economía española desde el 95-96 hasta ahora, veremos que no han sido todo ejercicios baldíos y estériles. Hemos aprovechado para hacer inversiones, grandes inversiones en infraestructuras. Hemos mejorado nuestros recursos educativos y en los últimos años hemos triplicado nuestros gastos en I+D+i. Por tanto, algo hemos hecho para mejorar nuestra productividad, y de hecho algo han cambiado las cosas. Entre el 96 y el 2004-2005 la productividad española subió en torno al 0,2%, que era la quinta parte de lo que lo hacía la productividad en Alemania o en Francia. Desde hace tres años no es así: estamos subiendo al 2,5%. Es verdad que hemos pinchado la burbuja inmobiliaria, pero aun descontando el efecto burbuja tenemos que decir que la productividad española ha mejorado al ritmo comparable con Alemania. Algo por tanto hemos hecho durante el tiempo del crecimiento económico, además de gastar más de lo que teníamos.

Es verdad también que España es la única economía de la OCDE, junto a Alemania, que en estos años de crisis ha mantenido su cuota de comercio internacional; nos ha permitido reducir nuestro déficit exterior, a pesar de la irrupción de los mal llamados países emergentes. Y es cierto que si miramos la OCDE y sus datos somos el segundo país que más ha mejorado la eficiencia de sus mercados de bienes y servicios. De forma que ahora estamos por primera vez en nuestra historia por encima de la media.

Si digo esto es para tratar de dejar encima de la mesa que algunas cosas hemos hecho bien en el pasado, que nos han permitido mejorar nuestra productividad. Eso no quita de que quede mucho por hacer. Pero si fiamos todo el incremento de nuestra competitividad a los ajustes de salarios yo creo que estamos equivocados; estaríamos olvidando que el mundo y los españoles en particular prefiere los automóviles alemanes, los teléfonos finlandeses, los relojes suizos… Que navegamos por Internet y que hablamos por iPhone. Lo estaríamos olvidando. Y por tanto se trata de avanzar en la productividad a base de investigación, de innovación, que está en el título de estas jornadas, de educación… De estas cuestiones que por reiteradas también no dejan de ser menos importantes. Creo que es por ahí por donde hay que ir, al margen de moderar salarios por la vía del acuerdo de rentas que defendí hace unos meses y que sigo defendiendo ahora en la oposición.

Y, repito como resumen de la intervención que he hecho, debemos acertar no solo en la orientación de las reformas sino también en su planificación temporal. No podemos quedarnos sin oxígeno en un momento crítico como este. Por eso tenemos que ser muy cuidadosos con la sincronización de nuestras reformas. Por supuesto, con el contenido de los ajustes, que tienen que ser justos además de eficaces. Pero también con el ritmo. Tenemos que alcanzar el equilibrio fiscal. Lo que discuto son los ritmos a los que lo hacemos y cómo conectamos esas políticas de ajuste con las reformas estructurales que tenemos que hacer. Trato de decirles que tenemos que preocuparnos por el crecimiento, por nuestro modelo de crecimiento, por cambiar nuestro modelo de crecimiento: hacerlo en sincronía con las políticas que con toda seguridad la UE va a poner encima de la mesa para estimular el crecimiento, y hacerlo conjugándolo con estas reformas estructurales. No solo con las instrumentales, que son las que el Gobierno está abordando, sino con el conjunto de ellas. Tratando por todos los medios de que nuestra política fiscal no lleve a la economía a un círculo vicioso, que retroalimenta la recesión y que finalmente se traduce en más déficit, más desempleo y menos crecimiento.