Raúl Santiago García López


Raúl Santiago García López


viernes, 7 de noviembre de 2014

Corrupción ¿Una causa General?

Desde hace un tiempo, la ciudadanía,  estamos viendo y sufriendo día sí, y día también los casos de corrupción que asolan las instituciones, organizaciones y las formaciones políticas que tradicionalmente sirven de sustento a la democracia española surgida del pacto constitucional de 1978.

Estos últimos meses el desarrollo de los acontecimientos deja ver una situación de generalizada impunidad, para que algunos dirigentes y cargos notables políticos, que ostentan u ostentaron responsabilidad tanto orgánica como institucional, hayan materializado una forma de enriquecimiento político y personal a costa del dinero y sufrimiento de todas y todos.

Esta situación agravada por el conocimiento, no solo de sueldos desorbitados, complementos  injustificados, créditos y tarjetas vergonzantes, usos impropios de lo público, sino de ritmos de vida propios de los gánsteres que reflejan las películas. Han hecho que el hartazgo se convierta en un clamor de exigencia, no solo de perdón, sino de responsabilidades de los propios y de aquellos que nombrándoles no supieron, quisieron, o pudieron vigilar para que no se produjeran estos mayúsculos atropellos a la ciudadanía y a la salud de una democracia que dicen fortalecer.

Pues bien, las y los ciudadanos nos hemos hartado y nuestro hartazgo se convierte en una exigencia mayúscula de asunción de responsabilidades, de limpieza real de las instituciones, partidos, sindicatos y empresas, sobre la eliminación radical de usos impropios e indebidos en la facultad de sus responsabilidades públicas y privadas. Es necesaria una “Causa General” contra la corrupción y contra quienes por acción, omisión o inacción han permitido que esto suceda, a cada cual con la contundencia de su responsabilidad, directa o indirecta.

Necesitamos que la limpieza no solo sea la generalidad, sino que además lo parezca, cuestión esta última inexistente en estos tiempos. Tenemos que buscar medidas que hagan que volvamos a confiar en los resortes de limpieza y honorabilidad de lo público y de quienes dan servicios a través de ello. Es necesaria una regeneración de los fallidos procedimientos de vigilancia y control, al igual que la depuración inmediata de responsabilidades en organismos, partidos, empresas e instituciones. Quien tenga miedo a demostrar su honorabilidad, se estará haciendo un flaco favor a sí mismo y al conjunto de lo que representa.